No es amarillismo. Es innegable decir que oficialmente hace más de 150 años se abolió la esclavitud en la mayoría de los países del mundo.
Sin embargo, esta vez queremos hablar de algo aún más innegable y por lo próximo a nosotros, algo muy urgente también. En 2023, el Global Slavery Index reportó que más de 50 millones de personas viven actualmente bajo formas de esclavitud moderna: Trabajo forzado, trata de personas, deudas que se triplican y nunca se acaban, explotación económica y en general, con dependencia total a un sistema de recompensas… que, según ellos, inquieta que no sea a la fuerza.
EL SISTEMA NO NOS LIBERA, NOS CONDICIONA
Ese artículo plantea, de forma honesta y personal, la urgencia de reflexionar sobre el camino que ha tomado nuestra generación, un rumbo que aceptamos voluntariamente, casi sin cuestionarlo.
Hoy, tú y yo firmamos contratos, celebramos sueldos, competimos por ascensos y vivimos para producir, mientras nos repetimos: “Así es la vida.” Pero, ¿qué ocurre cuando esa vida no la elegimos realmente, sino que nos fue impuesta por un sistema disfrazado de libertad?
Nos guste o no, vivimos en una cultura donde el trabajo no solo es necesario, sino que se ha convertido en nuestra fuente de identidad, valor y dignidad. No trabajar equivale a no existir. No producir, a no pertenecer.
Así, el trabajo dejó de ser una herramienta para volverse el engranaje de un amo silencioso: uno que absorbe nuestro tiempo, energía y mente. Y al final del mes, nos recompensa apenas con lo justo… lo suficiente para mantenernos motivados y volver a intentarlo. ¿Es eso libertad… o un círculo perfectamente legalizado de esclavitud?
Podríamos apresurarnos a responder, pero vale la pena detenernos un momento. Este sistema se presenta como justo y funcional, tan bien diseñado que llegamos a creer que no hay otra forma de vivir. Y ahí está el truco: lo que parece ordenado también puede estar manipulado.
Hoy, ese aparente orden está en manos del sistema productivo, que entiende perfectamente cómo operan las recompensas. Sabe darnos lo mínimo necesario para mantenernos dentro del juego… sin cuestionar jamás las reglas.
¿QUÉ DICE LA BIBLIA DE ESTO?
Jesús no estaba en contra del trabajo. Pero sí en contra de servir a los sistemas equivocados: “Nadie puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas.” — Mateo 6:24, aludiendo a que cuando vives para producir, para ganar, para tener… terminas sirviendo al dinero.
Y lo más trágico es que esa forma de esclavitud parece normal, e incluso admirable.
Son pocos los que quieren aceptar que nos enseñan a trabajar por la recompensa, no por propósito. Que nos enseñan a medir nuestra vida por lo que logramos y poseemos, no por lo que somos. Que nos programan para devolver casi todo el dinero que nos pagan, en impuestos, deudas, compras, servicios… y así depender del ciclo otra vez.
Jesús dijo: “Trabajen, no por la comida que se pudre, sino por la que a vida eterna permanece.” — Juan 6:27, porque es claro que trabajar no está mal. Por ello en otra ocasión, Él también dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” — Juan 5:17.
Pero es que cuando trabajas por comida que se pudre -que se usa como recompensa para que permanezcas fiel al sistema -por aplausos vacíos o deudas interminables, el espíritu se consume.
Pablo lo entendió también: “Ustedes fueron comprados por precio. No se hagan esclavos de los hombres.” — 1 Corintios 7:23.
¿REALMENTE SOMOS LIBRES?
En primer lugar, el ciudadano promedio le da la mejor hora de su día a una empresa, sacrifica relaciones, descanso y salud en nombre de metas financieras, pasa más tiempo en reuniones que en silencio con Dios y/o su familia. También invierte su energía en subir de nivel… pero sigue vacío por dentro y ama su libertad pero no puede dejar de trabajar, ni un día.
Libertad, ¿dónde?

Y después de todo, solo se justifica con frases como: “Es lo que hay.”, “Es que hay que pagar cuentas.”, “Bueno, más adelante tendré tiempo de vivir diferente.”. Pero mientras, el sistema ya sabe cómo mantener a la mayoría dentro del juego.
Pero Dios no diseñó a sus hijos para ser esclavos de estructuras que los exprimen. Los creó para reinar, servir, multiplicar y vivir con propósito.
Lo que el sistema llama “libertad financiera”… Jesús lo llama esclavitud maquillada. Porque no se trata solo de si te pagan bien, se trata de a quién estás sirviendo con tu vida.
Lo que nosotros hablamos abiertamente en True Spirit, es que Jesús vino a liberar a los esclavizados. No solo a los que son obviamente, sino a los que están atrapados por dentro: En cadenas invisibles, en sistemas de recompensa que desgastan el espíritu, en la ansiedad de producir para por fin valer algo.
Cuando haces de Jesús tu Señor, ya no sirves por necesidad. Sirves por amor al prójimo. Ya no produces por miedo sino que fructificas en todo, por diseño.
Hemos aprendido que una vez que esto sucede, ya no corres detrás del mundo, sino que te detienes para caminar con Dios.
Jesús dijo: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” — Mateo 6:33, sabiendo por el contexto que lo dijo refiriéndose a comida, bebida y ropa.
Quizás no puedas renunciar mañana, pero sí en estos días. Quizás tu realidad aún exige horarios, compromisos y facturas, porque tienes deudas, y primero debes pagar lo que debes. Pero jamás dudes que sí puedes empezar a dejar de ser esclavo…
El llamado Cristiano, el verdadero, es a dejar de ser esclavos, es decir, a experimentar verdadera libertad — Juan 8:31-32.
¿Cómo? Reconociendo que no fuiste creado para este ritmo de vida, rindiendo tu agenda y tus sueños a Dios, sirviendo desde la obediencia absoluta a su voluntad, no desde el miedo, recuperando el propósito por encima del ser parte de una sociedad consumista y buscando el Reino más que el rendimiento y el dinero a toda costa.
Porque la esclavitud moderna se legalizó, sin duda es así. Pero en el Reino de Dios, la libertad ya se ha ofrecido gratis… Y empieza cuando decides conscientemente a quién sirves y cómo ocupas tu tiempo.
Por tanto, la próxima vez que escuches una conversación sobre que la esclavitud se ha abolido, recuerda que hoy no necesitas cadenas para ser esclavo. Solo necesitas vivir por recompensas que te alejan del propósito de Dios… Y que Jesús no vino a darte un mejor trabajo, sino una nueva vida — Lucas 14:33.