Nunca fue sobre dinero… sino sobre control.

¿Qué pasaría si el nuevo orden mundial no necesitara soldados… sino compradores? La historia nos enseñó a temer dictaduras armadas. Pero lo que viene, o mejor dicho, lo que ya está aquí, no entra con botas, sino con bonos. No se impone con violencia, sino con conveniencia.

Vivimos en la era de la esclavitud más eficiente que jamás ha existido: voluntaria, funcional, emocional. Y su látigo no es tan malo. Se llama dinero y es la motivación absoluta de casi cada ser humano para levantarse cada mañana. Su verdadero poder no es tenerlo, dicen muchos expertos en el tema, sino hacerle creer a las masas que sin él, no valen nada.

PERO PRESTA ATENCIÓN A ESTO: En los últimos treinta años, el avance del sistema no ha sido meramente digital, sino en esencia, doctrinal. Es decir, el primer gran golpe ha sido psicológico: convertir a las masas en seres centrados en su propia imagen, el Narcisismo, ego y la validación. El segundo gran golpe ya está en marcha: moldear el deseo colectivo a través del control económico… Porque como aseguran muchos, quien controla el dinero, controla a todas las personas.

Sin embargo, si esto no fuera cierto, ¿por qué no todos pueden ser ricos? ¿Lo has pensado? Bueno, el sistema no necesita que todos sean ricos. Solo necesita que todos deseen serlo desesperadamente, porque ahí es donde está el fuego que hace que toda su rueda siga girando. Porque quien tiene hambre de algo, está dispuesto a obedecer al que le promete saciarlo. Así funciona el cerebro humano es su estado más terrenal. O en palabras distintas: El dinero no es la meta, es la herramienta para convertir a la población de todo el mundo en consumidores discipulados.

Amamos la idea de obtenerlo

Un estudio de la Universidad de Yale reveló que el cerebro libera más dopamina anticipando una ganancia monetaria que al recibirla realmente, es decir, tu mente no ama el dinero en sí, sino que ama la ilusión de tenerlo.

Esto nos expone a un patrón altamente manipulable: No amamos el dinero, amamos la idea de obtenerlo. Por eso el sistema no necesita entregarte riqueza, solo necesita mantenerte expectante de la siguiente dosis.

El resultado de ello es una sociedad emocionalmente secuestrada por la dopamina financiera, que no trabaja por propósito, sino que obedece por anticipación.

¿Para qué harían todo eso? -Se preguntan muchísimos escépticos -Pero la realidad es que mientras el cerebro entra en estos ciclos de ansiedad-recompensa, la estructura espiritual del ser humano se va desconectando de la fe en Dios, como absoluto Proveedor.

Es decir, hoy ya es visto como ridículo o hasta irresponsable pensar que Dios provee lo necesario a los suyos.

En las Escrituras, Jesús fue extremadamente claro sobre lo que puede producir en el alma el buscar el dinero y las riquezas: La obsesión por el éxito económico está reemplazando el llamado al sacrificio, al propósito y a la obediencia radical. Este nuevo “cristianismo” ya no predica al Dios que llama a dejarlo todo. Hoy predican a un “Cristo financiero” que te asegura estabilidad si tú haces tu parte. ¿Y cuál es esa parte? Cumplir con el sistema, estudiar lo que da dinero, trabajar donde puedas crecer, callar para no incomodar lo tradicional y comprar para pertenecer.

Al final, parece que este discipulado mundial de esta nueva manera de gobernar el mundo, yace en la enseñanza confusa de creer… pero no pensar, y seguir… pero no discernir a quién.

Así que hoy, antes de continuar, detente y respóndete sin filtros ni religiosidad: ¿Cuántas decisiones importantes en tu vida han estado condicionadas por el dinero? ¿Cuánto poder tiene tu cuenta bancaria sobre tu nivel de paz? ¿Qué cambiarías si hoy Dios te pidiera vivir por fe, no por ingreso? ¿Y si te dijera que para resistir lo que viene, tendrás que aprender a vivir con menos, no con más? ¡Te leemos por correo!

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