¿Cabe la sumisión en un matrimonio sano?

«No me casé para obedecer a nadie»

“Yo no soy menos que él.”, “Yo no me voy a someter a un hombre.”, “Eso era en la antigüedad, ahora somos iguales.”, “Si él fuera más espiritual, quizás lo seguiría.”, “Él no me escucha, ¿cómo quiere que lo respete?”.

Tal vez tú misma, o tú mismo, has pensado o dicho alguna de estas frases. Y es entendible. Porque el diseño original del matrimonio ha sido tergiversado por el machismo religioso y pervertido por el feminismo moderno. Ambos extremos rompen el diseño perfecto que Dios dejó, y nos empujan a una lucha de poder dentro del hogar.

Hoy, muchos matrimonios están quebrantados en secreto, aunque en redes parezcan bien. Falta amor, falta respeto, falta visión, falta sumisión… sí, aunque no te guste la palabra. Lo cierto es que, cuando uno o ambos no se rinden ante Dios, se terminan pisoteando mutuamente.

El liderazgo en el hogar cambia el cerebro

Un estudio del Journal of Family Psychology mostró que cuando los roles familiares son claros y ordenados (no opresivos, sino funcionales), se activan áreas cerebrales relacionadas con la regulación emocional, empatía y cooperación a largo plazo.

En otras palabras, los matrimonios con estructuras sanas (donde uno guía con amor y el otro se entrega con confianza) generan vínculos más estables a nivel cerebral.

¿Y sabes qué? Eso no es nuevo… Dios lo diseñó así desde el Edén.

Sumisión no es esclavitud, es estrategia espiritual

Pablo, en Efesios 5, no estaba enseñando machismo disfrazado de Biblia. Estaba revelando una estrategia de guerra espiritual para la familia:

«Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia…» (Efesios 5:22–23).

La sumisión no tiene que ver con quién es más inteligente, más espiritual o más fuerte. Tiene que ver con ORDEN espiritual, de la misma manera en que sucede en las guerras o en los campos de fútbol, cada quien tiene un lugar y sabe qué hacer.

Ahora, algo sumamente importante, es entender que Dios no funciona por emociones, sino por principios. Cuando respetamos el diseño, es un irremediable hecho que nos encontramos bajo su cobertura. Porque someterse no significa callarse ante el abuso, ni aceptar pasividad. Significa ser sabia, y usar las armas que Dios nos ha dado para pelear contra toda maldad: humildad, oración, discernimiento y obediencia a Dios.

Machismo vs Feminismo, ¿cuál es mejor?

¡Obviamente ninguno! Muchísimas mujeres oran por un hombre piadoso, fuerte en Dios, líder… pero cuando lo tienen, lo castran emocional y espiritualmente con manipulación, críticas constantes y falta de respeto, cultivan rencor en la relación. ¿Quieres un David? Entonces no vivas como Jezabel, ni como Mical (la esposa que se burló de David cuando adoraba).

Del otro lado, hay maridos que quieren una esposa sumisa y con hermoso corazón, lleno de amabilidad, bondad y reparadora en momentos difíciles… pero no se lavan el rostro, es decir, escuchan la Palabra, pero no su estilo de vida no es conforme a lo que escuchan y leen. Nunca oran, buscan solo sus propias fuerzas y no guían, solo imponen opiniones (que muchas veces aprendieron de su mamá o papá y anhelan repetir). Tampoco aman como Cristo, ni caminan como Él anduvo, pero quieren ser tenidos en cuenta como líderes. Y lo siento pero eso no es autoridad. Eso es abandono con disfraz espiritual: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” (Efesios 5:25). Así que ante la pregunta de “¿cúal es mejor?”, es claro que el problema no es la sumisión. El problema es no tener a Cristo como centro y modelo.

Sin sujeción mutua, hay dos reinos en una sola casa

Antes de pedirle a la mujer sujeción, Pablo dijo: «Sométanse unos a otros en el temor de Dios.» (Efesios 5:21). Esto significa que ambos están llamados a estar bajo autoridad. No solo uno.

La mujer se sujeta al liderazgo del esposo, y el esposo se sujeta a Cristo. Porque…

  • Si ella se somete a él, pero él se somete a su carne, hay caos.
  • Si él ama como Cristo, pero ella responde con desprecio, hay división.
  • Y una casa dividida contra sí misma, no prospera. (Mateo 12:25).

Entonces, la sumisión de la que hablamos, es bíblica y no es jerarquía. Es alineación, es primeramente algo bueno para ambos. No es inferioridad, no es silencio ante injusticias, es misión conjunta, es honrarse el uno al otro, es ser Cristianos de verdad.

¿Y si lo que pensabas que te oprimía… en realidad te protegía?

No se trata de condenarnos por habernos equivocado antes. Todos crecimos pensando que la sumisión era una cárcel. Pero el verdadero mensaje Cristiano nos enseña que en realidad, es una llave espiritual. Nos hace entender que la sumisión protege, cubre y guía a quien la acepta por las razones correctas.

No te hace menos espiritual; te hace más poderosa/o en un mundo que ignora que hay otro Reino, en donde se vive de manera diferente al sistema de este mundo. Uno en donde el que se humilla, es exaltado.

Un matrimonio sano no es el que se ama más, sino el que se ordena más: el que reconoce que sin orden espiritual, no hay fruto ni nada genuino. Así que volvamos al principio. No preguntes: ¿Cabe la sumisión en un matrimonio sano? Porque la verdadera pregunta es: ¿Puede haber un matrimonio verdaderamente sano… sin ella?

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