La magia blanca, roja o verde, canaliza energía, ¿pero de quién?

Dicen que todo es energía. Que el universo escucha. Que hay vibraciones buenas y malas. Que si limpias tu casa con sal, el mal se va. Que si dejas agua con cuarzos a la luna llena, tu alma se renueva. Que hay “magia blanca” para sanar, proteger, atraer lo bueno. Que el tarot no es brujería, solo autoconocimiento. Que invocar a tus ancestros no es malo, porque es “honrar tu linaje espiritual”.

Pero… ¿y si nos estamos acercando demasiado a lo invisible sin saber con qué estamos hablando? ¿Y si eso que parece ayudar… en realidad está cobrando un precio que no vemos al principio?

El deseo de controlar lo espiritual no es nuevo.

¿Y si detrás de las buenas intenciones, hay puertas que no se cierran tan fácilmente? ¿Y si la pregunta correcta ya no es si funciona… sino quién lo está haciendo funcionar?

En el corazón de toda práctica ocultista —sea tarot, wicca, astrología o rituales de limpieza— hay un mismo anhelo:

tener control sobre lo que no puedes controlar. La idea no es tanto conectar con algo “superior”… Y cuando tu espiritualidad gira en torno a lo que quieres lograr, sin importar los medios, no estás buscando a Dios. Sabes que no estás buscando lo correcto. Estás buscando un sirviente con poderes.

Y sí, algunas veces esos deseos se cumplen. Pero ahí está el peligro.

Cuando se recurre a la magia “blanca” para atraer amor, dinero, paz, sanación o poder personal, la respuesta espiritual puede llegar… pero no viene del Reino de Dios. Y lo que parece un “favor” termina siendo un pacto. Y todo pacto espiritual implica obediencia, deuda, un contrato.

La más grande estupidez del ser humano es creer que seres más poderosos que nosotros, estarán cumpliendo nuestros deseos y a nuestro servicio… Sin ellos hacerlo para obtener algo de nosotros.

He ahí la arrogancia de muchos, y uno de los más grandes misterios de Dios, el cual, a veces nos permite obtener exactamente lo que pedimos fuera de Su voluntad. Porque Él sabe todo lo que esos pactos dicen en letras pequeñas. Él sabe la miseria, el dolor, la inseguridad, el miedo, la confusión, la corrupción y la obscuridad que le caerán de pronto a quienes hagan esos pactos, con espíritus que no saben nada acerca de la lealtad.

¿Pero qué hay de malo en encender una vela, tirar las cartas o usar cristales?

Aquí van algunos datos curiosos, que muchos ignoran: Los orígenes del tarot se remontan al siglo XV en Europa. Luego se masifican con algunas prácticas desde el siglo XVIII por ocultistas como Eliphas Lévi y Aleister Crowley, quien también fundó iglesias satánicas de la llamada religión satanista Thelema.

Y aquí lo que nos deja pensando es que nadie crea una herramienta espiritual, sin un propósito espiritual.

La Wicca —autodenominada “religión de la naturaleza”— fue formalizada en los años 50 por Gerald Gardner, quien también practicaba rituales sexuales y creía en múltiples dioses. Aunque se promueve como “magia blanca”, incluye hechizos de protección, manipulación energética y comunicación con seres espirituales.

Con esto, solo pensamos que, decir que haces magia ‘por amor’ no hace que el espíritu que invocas provenga de Dios. La hipersexualización y la hipergamia son prácticas que promueven estos seres para humillar, corromper y destruir la esencia humana.

Los cuarzos y cristales no tienen poder intrínseco. Su uso para sanar o armonizar “vibraciones” se basa en creencias del esoterismo oriental y prácticas del movimiento New Age, o Nueva Era, que toma símbolos de distintas culturas y los mezcla con propósitos místicos, rituales, pactos con estos seres, etc.

Y la pregunta es, ¿son estas piedras y todas estas prácticas más firmes y sólidas que la paz de estar haciendo lo correcto ante Dios, puede darnos? Amigos, la verdadera Roca no se carga con energía: transforma tu corazón, te da paz y contentamiento cualquiera que sea la situación.

Jesús nunca ofreció poder, control ni éxito. Él ofreció cruz, renuncia y resurrección.

En un mundo que busca manifestar, canalizar y decretar, Él dijo: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42), ¿puedes ver la diferencia?

Las prácticas esotéricas se basan en yo quiero. Y el Reino de Dios comienza con preguntarle: ¿Qué quieres?

¿Y entonces, qué pasa con los que ya han hecho estos rituales? Pasa que hay esperanza para ellos. Pero no es como en las películas en donde se usa un “contrahechizo”, ni hablamos de ir a hacerse una limpieza energética. Porque magia con magia, no sale. Hechizos con hechizos y rituales con más rituales, no se sacan.

Hablamos de algo mucho más sencillo a la vista, pero muchísimo más poderoso en el mundo espiritual: Obediencia a Dios. No hay libertad sin obediencia a lo que Jesús enseñó. No hay sanación sin entrega a Dios. Porque solo Él está por encima de todos estos seres espirituales y esos pactos hechos por ignorancia y necedad.

Pactos que cobran muy caro lo que parece que dan gratis. Mientras las enseñanzas de Cristo, esas que han sido olvidadas por todos los templos, religiones y denominaciones, dan gratis lo que nadie puede comprar. Dios no te da los caprichos que tienes. No te voy a mentir. Pero te da lo que necesitas. Y eso significa vaciarte de todo lo que buscaste fuera de Él, para llenarte con Su Espíritu.

Al final, no necesitas más energía. Necesitas más verdad. No importa cuántas veces limpies tu aura, medites con cuarzos o leas las cartas del tarot: si no tomas seriamente cambiar tu estilo de vida, sigues siendo esclavo de algo disfrazado de luz. Y esta no es una opinión de juicio. Es una advertencia con urgencia. Porque lo espiritual sí existe, y sí responde… pero no todo lo que responde viene de Dios.

Porque no hay magia blanca, negra, roja o verde. Toda la magia, es magia, sin importar cómo se presente. La luz verdadera no canaliza. La luz verdadera revela, incomoda y sana. No juega con la adivinación, te permite entender la vida.

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