Enseñarles a perder para vencer

Crianza bíblica en una cultura que evita el dolor

¿Cuántas veces les hemos evitado una frustración a nuestros hijos? ¿Cuántas veces les dimos una salida fácil para no verlos sufrir? ¿Cuántas veces pensamos que el dolor era algo malo para ellos?

Bueno, hoy se sabe que los niños que no enfrentan frustraciones frecuentes en su infancia desarrollan menos capacidad para tomar decisiones difíciles, controlar impulsos y perseverar ante el fracaso. ¿Por qué? Porque siempre hubo alguien que los salvaba.

En palabras simples: Si nunca lo dejas perder, estás programando su cerebro para rendirse cuando la vida se ponga difícil.

Y esto no es todo. Se ha descubierto que los niños sobreprotegidos son más propensos a desarrollar ansiedad, depresión e intolerancia al fracaso en la adolescencia. ¿Por qué? Porque nunca aprendieron a manejar el “no”, el “mejor espera” o el “bueno, fallaste”.

Así que, ¿y si perder, frustrarse o no lograr algo fuera justamente lo que su espíritu necesita para crecer estable y feliz? ¿Y si la incomodidad no es el enemigo… sino parte del plan de Dios para nuestros hijos?

La frustración no es tu enemiga, ¡es tu aliada!

Si queremos que nuestros hijos aprendan a manejar sus emociones, a perseverar, a respetar límites y a esperar pacientemente lo que desea, entonces debemos aprender que frustrarse no destruye al niño, le da forma, estabilidad y un carácter apacible.

Por otro lado, si todo le resulta fácil: No sabrá esforzarse, no sabrá perder con dignidad, y no sabrá esperar con esperanza. Y pareciera que no es tan grave pero padecer estas cosas, implica muchísimo más de lo que a simple vista parece.

En una crianza centrada en Dios, podemos dar por hecho que la frustración tiene un propósito: formar el carácter de Cristo en ellos. En una crianza opuesta, los seres humanos nos formamos semejantes a los animales.

La escritura dice: “El sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, carácter; y el carácter, esperanza.” (Romanos 5:3-4), ¿cómo podemos criar a nuestros hijos ignorando esa verdad, y esperar que desarrollen al mismo tiempo, un carácter estable?

A NIVEL CEREBRAL

Cuando un niño pierde un juego, no consigue lo que quiere o escucha un “no”, su cerebro activa circuitos responsables de: Autocontrol, resolución de conflicto y aprendizaje emocional profundo. Pero si intervenimos demasiado rápido para evitarle el malestar, le robamos el momento exacto en que su carácter iba a ser fortalecido.

ENSÉÑALE A PERDER, ¡NO ES CRUEL!

Perder no lo rompe y frustrarse no lo destruye, como dijimos. Así que no caigas en el error de permitir que las emociones dicten que eso es cruel. Por que no es así.

Esta sociedad está fragilizando la crianza, enseñando a diestra y siniestra que la frustración lo hiere. Nada más alejado de la realidad, y los frutos de todos los niños bajo esa mentalidad, lo confirman.

Frustarlo, al final lo moldea, pero durante toda su vida, lo entrena. Y no es cruel llorar un poco por haberse frustrado. Cruel es criarlo sin herramientas para la vida real, y hacerle creer que todo es fácil, y cuando quiera.

A veces, el amor mal entendido nos lleva a ser obstáculos del proceso de Dios:

Justificamos su mal humor, tapamos su pereza, recompensamos sin mérito y hasta somos capaces de evitar consecuencias.

Eso, damas y caballeros, lejos de protegerlos, los encierra en una burbuja emocional que los vuelve débiles, arrogantes y dependientes.

Dios no quiere que te sientas bien criando. Él quiere que formes hijos que le pertenezcan, Él apunta a lo importante y no a lo superficial -“Porque el Señor disciplina al que ama, y azota a todo el que recibe como hijo.” (Hebreos 12:6) -¿lo puedes ver?

¿O será que tal vez tú tampoco sabes perder… y por eso no puedes enseñarlo?

¿Será que tal vez tú tampoco sabes perder y por eso no puedes enseñarlo?

Muchas veces, abordar este tema tan urgentes, inicia con hablar sobre aquellos adultos -que hoy son padres o están a cargo de la crianza de algunos pequeños – que no aprendieron a manejar la frustración. Tal vez crecieron pensando que el fracaso era sinónimo de algo indigno. Entonces, sin darse cuenta, hacen todo lo posible para que sus hijos no sientan lo que ellos sintieron, llevándolos a experimentar de primera mano que una vida sin límites, se forma un yo frágil, sin espera, se desarrolla una fe falsa y sin pérdida, jamás se aprende a vivir con propósito.

Y es que nuestra intención puede ser amor. Pero sin discernimiento, podemos interrumpir un proceso importante en nuestros hijos.

Muchos padres hoy están criando desde el miedo, no desde la verdad. Si tu historia personal está marcada por humillación, abandono o fracaso, es natural que quieras evitarles a tus hijos cualquier roce con el dolor. Pero lo que no sanas… lo transfieres, y porque sanar es tu primer acto de amor hacia ellos.

En el mundo, se encontrarán con personas que los van a rechazar, los van a ignorar y los van a traicionar. Pero si los criaste con puro aplauso, sin tolerancia al “no”, no sabrán qué hacer cuando llegue ese dolor, ese fuego.

Jesús dijo: “En el mundo tendrán aflicción, pero confíen: Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33), aludiendo a que Dios no está llamando a los padres de hoy a formar hijos populares, sino que los llama a formar discípulos de Cristo preparados para los tiempos obscuros que se avecinan.

Por favor, no los formes para que encajen, ¡Formalos para que resistan y sean diferentes! Enséñales a perder, enséñales a quedarse sin respuestas y no desesperar, enséñales a llorar sin romperse, enséñales a obedecer todo aquello que es justo a los ojos de Dios, enséñales que Dios a veces dice “no”… y aún así, sigue siendo bueno.

Porque si haces esto, no solo estarás formando un hijo emocionalmente estable… Estarás criando un hijo a contracorriente. Como dice la escritura: “Entrena al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.” (Proverbios 22:6)

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