Un punto de vista no convencional
Te despertaste sobresaltado, con el corazón latiendo fuerte. Soñaste algo tan real, tan intenso, que parecía un mensaje divino. Un nombre, una advertencia, una promesa, un encuentro que no entiendes.
En general, este resulta un tema muy difícil de tratar, porque es muy popular y todos dicen saber bien de qué trata, pero por otro lado, es necesario tocar el tema, no evitarlo y aclararlo.
Te dijeron que Dios habla en sueños, que son canales secretos de Espíritu, que a veces el cielo usa la noche para revelar lo oculto. Y es cierto, pero nadie te advirtió esto: No todos los sueños vienen de Dios.
🌙 Los sueños: un misterio entre lo natural y lo espiritual
Todos soñamos. El cerebro procesa recuerdos, emociones y miedos mientras dormimos. Desde lo biológico, los sueños son parte del ciclo del sueño REM (Rapid Eye Movement). Durante esta fase: El cerebro procesa recuerdos, emociones y estímulos del día. Se “limpian” conexiones sinápticas innecesarias. Se refuerza el aprendizaje y la memoria emocional. En resumen: el cerebro hace mantenimiento. Pero esa no es toda la historia.
Los sueños también son el reflejo de lo que no resolvemos estando despiertos: Deseos reprimidos, traumas no procesados, ansiedades, inseguridades o conflictos internos. Por eso a veces sueñas con algo que nunca dijiste pero sí sentiste, o con personas que representan heridas que no cerraste… Es decir, soñamos lo que no enfrentamos.
Y aquí viene la parte que no se puede ignorar: En la Biblia, Dios usó sueños para hablar a José, a Daniel, a Faraón, a Nabucodonosor, a los magos del oriente y a muchísimos más. Pero también hay advertencias sobre sueños falsos, confusos, y revelaciones que no vienen de Dios (Jeremías 23:25-32).
¿Cómo puede suceder esto? Pasa porque el mundo espiritual no se detiene mientras duermes, y no nos damos cuenta, porque el sistema en el que vivimos, está diseñado para que estemos más entretenidos que atentos a lo que realmente es este mundo.
Claro que Satanás puede sembrar confusión, miedo o deseo a través de un sueño, pero también puedes hacerlo tú mismo con todo lo que has guardado en tu corazón, y finalmente puede ser Dios para llamarnos primeramente, y también para advertirnos sobre cómo estamos viviendo…
¿Cómo tomamos nosotros los sueños?
Somos honestos con todos los que charlamos al respecto y aceptamos que Dios puede hablar en sueños… pero que también, no todos los sueños son de Dios. Por eso, el secreto es entender que no basta con preguntar: “¿Qué significa esto?” Sino que la pregunta correcta es, ¿qué parte de este sueño refleja mis propios deseos o miedos? ¿Esto me está guiando a obedecer a Dios, o solo a hacer lo que quiero? ¿Este sueño confirma lo que Jesús ya ha hablado… o me distrae con algo emocional o confuso?
Así como hay sueños que nos muestran lo que queremos y no lo que Dios quiere, también hay sueños que revelan el estado de tu alma y no una palabra de Dios. Además hay sueños que te dejan con ansiedad, miedo, tristeza o preocupación, porque fueron sembrados por Satanás y no por el Espíritu Santo.
Por eso no se interpretan los sueños a la ligera. Se disciernen con oración, con lo que Cristo mandó y con obediencia a ello.
Entonces, ya que soñamos porque nuestro ser completo (mente, alma, espíritu) está activo incluso mientras el cuerpo reposa, es importante entender que algunos sueños son basura mental., otros son tu alma gritando por atención, otros son ataques disfrazados, y algunos pocos, son Dios susurrando.
Por eso necesitas discernimiento. No interpretación “New Age”, ni decretos, ni superstición, o creencias de que un familiar muerto ha venido a visitarnos… Porque si en vida no tuvimos el poder de visitar a los muertos, en muerte tampoco podemos visitar a los vivos, dijo Jesús (Lucas 16:19-31).
Pero regresando al tema, tu espíritu no miente, pero sí puede proyectar lo que anhelas… o eso que tanto temes.
Dios puede hablar en sueños… Pero nunca sin propósito.
Es cansado ver cómo hay gente más afanada con los sueños que con obedecer la voluntad de Dios.
Se deleitan en lo que les hizo sentir aquel sueño o buscan ver cumplido lo que soñaron, en lugar de estudiarlo para saber de dónde provino aquello.
Por ello, es urgente entender que Dios no habla por hablar. No da sueños como si fueran películas de Guillermo del Toro, para entretener mentes dormidas.
Él no habla porque sí. Él habla porque quiere transformar, y cuando Dios se manifiesta en un sueño, no lo hace para que despiertes diciendo: «¡Qué fuerte lo que soñé!» y continúes tu día con total normalidad, y como de costumbre.
En caso de que Dios te de sueños, lo hace para que despiertes diciendo: “¡Debo hacer algo con esto!”
¿Puedes ver la diferencia?
Cada sueño que viene de Dios en la Biblia tiene algo en común: No deja a la persona igual, el mensaje fue claro, coherente con Su carácter, y guiaba a obedecer lo que su Hijo enseñó.
Ten por seguro que Dios no va darte sueños para entretenerte, confundirte o halagar y alimentar tu vanidad.
Y otra verdad a considerar es que, aunque Dios sí habla… no habla igual a todos.

Esto es, que Dios puede hablarle a cualquiera: a Faraón, a Nabucodonosor, a Pilato, a gente que no lo seguía, ni lo honraba. Pero una cosa es que Dios hable… y otra muy distinta es que Él tenga una relación de guía continua con alguien. ¿Por qué? Porque, en momentos claves, puede intervenir con sueños incluso en personas no convertidas para cumplir su propósito. Pero estos casos no son la norma, no son lo usual. Son excepciones con un fin superior: Salvar a Su pueblo (como con Faraón y José), proteger el plan sobre el nacimiento de Cristo (como con los magos de oriente), y mostrar Su poder sobre los reyes paganos (como con Nabucodonosor)…
Así que cuando una persona vive lejos de Dios, ignorando su voluntad y rechazando su autoridad, no puede esperar que sus sueños sean consistentemente reveladores, claros o a su favor.
En resumen
Hoy muchos anhelan tener sueños espirituales porque se ha puesto de moda lo místico, porque emociona, porque da una sensación de “ser especial”. Pero cuidado: Si el sueño solo te emociona, nunca convierte nada en ti, siempre es cómodo, pero sobre todo, va contrario al mensaje de Cristo… no viene de Dios.
Si el sueño solo te confirma lo que tú ya querías oír, sin exigirte obediencia… tal vez solo sea tu corazón proyectando lo que desea.
Así que esta vez no corras a publicar tu sueño. No construyas decisiones sobre lo que te pareció “profético”. Corre primero a leer lo que Jesús enseñó en Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Corre a orar, a ser un con su Espíritu. Y pregúntale a Dios con humildad: “¿Este sueño fue tuyo, o fue mío? ¿Me estás hablando… o me estoy hablando yo mismo?” Porque si Dios habló, lo sabrás, pero no por la emoción, sino porque la verdad en el mensaje que te fue dado, sacudirá tu forma de vivir más que el sueño mismo… O al menos, para eso es que algunas veces Dios habla en sueños.