Qué es el narcisismo y su relación con los últimos Tiempos

La epidemia del ego

Una búsqueda rápida en Google del término “narcisismo” arroja más de 200 millones de resultados. También en redes sociales, miles de publicaciones se etiquetan cada día con frases como “me amo”, “yo merezco” o “self-love first”. Además la palabra “selfie” entró oficialmente al diccionario hace apenas unos años, y los psicólogos alertan que nunca hemos hablado tanto de nosotros mismos, ni pensado tanto en nosotros mismos… como en este momento de la historia.

Pero, ¿y si no es solo cultura… sino algo más profundo? ¿Cómo esto puede darnos una clara señal de que estos, pueden ser tiempos significativos?

Lo curioso, o peligroso aquí, es que se filtra en lo cotidiano: en cómo hablamos, cómo oramos, incluso cómo entendemos la fe.

Eso parecía saberlo un hombre que escribió una carta hace miles de años, desde una prisión. En ella, describe un tiempo en que la gente será “amadora de sí misma”. ¿Pura coincidencia? ¿Un diagnóstico profético? ¿O simplemente un espejo incómodo?

Aquí muchos dirán -Pero es sano amarse a uno mismo- sin embargo, el problema no es el amor propio. Es el culto al yo. No es cuidarte, es adorarte. No es valorarte, es ponerte en el centro del universo. Incluso del universo y el mundo espiritual.

El narcisismo ya no es solo la idea de un individuo que se mira al espejo todo el día. Hoy tiene muchas formas, y algunas son tan sutiles que pueden pasar por “madurez emocional” o incluso por “autoridad espiritual”.

La profecía dice que en los últimos tiempos: “…La gente solo tendrá amor por sí misma y por su dinero. Serán fanfarrones y orgullosos, se burlarán de Dios, serán desobedientes a sus padres y malagradecidos. No considerarán nada sagrado. No amarán ni perdonarán; disfrutarán mentir sobre otros y no tendrán control propio. Serán crueles y odiarán lo que es bueno. Traicionarán, serán imprudentes, se llenarán de soberbia y amarán el placer en lugar de amar a Dios. Actuarán como religiosos pero rechazarán el único poder capaz de hacerlos obedientes a Dios…” (2 Timoteo 3:1-5).

Tal vez la pregunta no sea si el narcisismo existe… sino si nos está moldeando más de lo que creemos también a nosotros y no lo sabíamos.

– Noah P.

Y aquí viene lo inquietante: estos rasgos pueden ya estar coexistiendo en nuestra sociedad, incluso, en nuestra vida religiosa.

Los rasgos narcisistas más comunes incluyen: Necesidad constante de validación, impulsividad, falta de empatía, necesidad de mentir, necesidad de controlar a los demás, cambios abruptos de humor, sensibilidad extrema a la crítica, comparación constante con otros, dificultad para reconocer errores y pedir perdón por ellos, exageración de sus propios logros, poca profundidad emocional, dificultad para mantener relaciones duraderas y desprecio por aquellos que considera inferiores.

¿Te ha sonado alguno? Muchos piensan que el narcisismo es tener “mucha autoestima”, pero en realidad, es lo contrario: El narcisismo nace de una autoimagen inflada pero frágil.

Y eso es justamente lo que hemos venido enseñando acerca de las redes sociales: Quiebran la confianza en uno mismo y distorsionan nuestra identidad cuando pasamos demasiado tiempo ahí dentro. Por eso el narcisismo necesita aplausos. Por eso se ofende con facilidad. Por eso espiritualiza su ego con frases como “Dios tiene algo grande conmigo”, o “Dios da sus peores batallas a sus mejores guerreros”, cuando en realidad nunca ha muerto a sí mismo, ni conoce nada del amor por el otro.

📖 Y ahí entra 2 Timoteo 3:1-2

En los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos…”

Pablo estaba hablando de un mundo y una sociedad que aparentará piedad y cosas buenas, pero que ha escondido su rostro real. Es decir: personas espirituales por fuera, con muy bonitas frases, pero muy ególatras por dentro.

Y es ahí donde necesitamos hacernos preguntas que incomodan: ¿Necesito que me reconozcan? ¿Me molesta cuando alguien me habla de renunciar a mi?

Tal vez no tienes un trastorno de personalidad, y tal vez nunca has dicho en voz alta “yo soy el centro”. Pero si al leer esto sentiste incomodidad, roce, o hasta resistencia… tal vez algo en tu interior sabe que el ego ha estado ocupando más espacio del que debería.

Y no solo tú, todos luchamos con este reflejo distorsionado. La profecía no habla de una persona, sino de una sociedad que se formará en los últimos días. Pablo, fiel seguidor de Jesús, hablaba del espíritu de las futuras multitudes que aceptarían y alabarían la manera de gobernar del último gran gobierno: La bestia y el anticristo.

Hoy, con el auge de todas las redes sociales, y el ambiente que las compras al instante han creado a nuestro alrededor, hemos sentido esa

¿Cuándo fue la última vez que acepté una corrección sin buscar safarme?

Conclusión

Tal vez no tienes un trastorno de personalidad, y tal vez nunca has dicho en voz alta “yo soy el centro”. Pero si al leer esto sentiste incomodidad, roce, o hasta resistencia… tal vez algo en tu interior sabe que el ego ha estado ocupando más espacio del que debería.

Y no solo tú, todos luchamos con este reflejo distorsionado. La profecía no habla de una persona, sino de una sociedad que se formará en los últimos días. Pablo, fiel seguidor de Jesús, hablaba del espíritu de las futuras multitudes que aceptarían y alabarían la manera de gobernar del último gran gobierno: La bestia y el anticristo.

Hoy, con el auge de todas las redes sociales, y el ambiente que las compras al instante han creado a nuestro alrededor, hemos sentido esa necesidad silenciosa de aprobación, esa necesidad de querer tener todo resuelto al instante, todo lo que deseamos hasta nuestra puerta, esa tendencia a medirnos y compararnos en todo lo que hacemos y logramos frente a otros, e incluso, hasta a Dios lo queremos someter bajo nuestro deseo de que nos haga brillar en este mundo…

Pero Jesús no nos prometió brillo, ni dijo que Dios hace las cosas cuando queremos y como queremos.

Al final, no se trata de que nos anulemos. Se trata de que nos vaciemos para que Él nos llene. Que dejemos de proteger esa imagen frágil que construimos basados en el narcisismo, y para que abras los ojos a lo que está ocurriendo a tu alrededor. Porque mientras lees esto, en todo el mundo, y sí, incluso en iglesias, gobiernos, movimientos, y relaciones íntimas, el narcisismo se está normalizando como si fuera virtud. Se disfraza de liderazgo, de empoderamiento, de “amor propio”, pero en el fondo, está quebrando familias, distorsionando la verdad y esclavizando corazones.

Y lo que parecía una simple descripción profética, hoy es una realidad. Y eso es peligroso.

Porque donde el narcisismo reina, el amor muere, se normaliza el maltrato hacia los demás, el abuso en las relaciones y la manipulación en lo que se supone son familias.

Donde todo gira en torno al individuo, la familia, la comunidad, el cuidado por otros se desintegra, y la obscuridad se viste de luz.

Reconocer el narcisismo es apenas el primer paso. Lo difícil —lo verdaderamente desafiante— es aprender a tratar con este nuevo tipo de personas, tan narcisistas, sin perder tu espíritu ni tu paz en el intento.

Jesús no solo nos enseñó a amar… también nos enseñó a discernir, a confrontar con verdad, a guardar el corazón y a no ceder el trono de nuestra paz a quien busca controlarlo.

No se trata de odiar ni de aislarte. Se trata de aprender a responder como Cristo lo haría, sin ser arrastrado por las dinámicas tóxicas que destruyen relaciones, familias y llamados.

Y de eso hablaremos en la próxima edición, así que prepárate, porque amar como Cristo en estos tiempos, no es debilidad… es una verdadera guerra espiritual.

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