¿Qué es el Matrimonio? Y sobre todo, ¿Y si el conflicto en tu matrimonio no es un obstáculo, sino una oportunidad para morir al ego y seguir a Cristo… de verdad?
“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón…” – Mateo 11:29
Quizá te pasa lo que a muchos ya nos ha pasado, y no te has puesto a pensar que no es tu pareja quien está frenando el crecimiento. Es muy seguramente tu orgullo o tu estancamiento. Sé que suena chocante y radical, pero quiero que nos centremos en que el Espíritu Santo no trabaja sobre tu esposo o esposa… sin antes trabajar sobre ti.
Así es como funcionan las cosas en el Reino de Dios.
Dios no te dio un matrimonio perfecto. Te dio uno real… para que aprendas a amar como Él
El amor verdadero nace cuando tu ego quiere huir… y eliges quedarte. Cuando podrías cerrarte… y eliges escuchar. Cuando sientes que tienes la razón… y eliges servir. Ahí es donde Cristo empieza a tomar forma en ti. Y es que, no se trata de tener una pareja ideal. Se trata de tener un corazón dispuesto a amar como Jesús: con paciencia, sin condiciones, y hasta el final.
La verdadera sanidad matrimonial no empieza en la pareja, sino en el corazón rendido.
Muchos llegan al matrimonio con una expectativa emocional inconsciente: “Seré feliz si el otro se ajusta a mis necesidades.”
Pero eso no es amor. Es dependencia emocional con lenguaje espiritual. El verdadero amor no busca corregir al otro para sentirse en paz. Busca ser transformado por Cristo para dar paz, incluso en medio del caos.
Pensamos que “si el otro cambia, yo voy a estar bien”. Pero Jesús nos enseñó al revés: “Si tú mueres, yo vivo en ti” (Gálatas 2:20), y eso es justo lo único que nos hace sentir bien.
El problema es que muchos quieren, desean, mueren por un Jesús que salve su matrimonio… Pero no les interesa seguir al Jesús que se negó a sí mismo. Ese Jesús que:
Se humilló, aunque siempre tuvo razón. Lavó pies, de quienes no lo merecían. Lloró con y por los suyos, en vez de señalar y estancarse en sus errores. Un Jesús que eligió el silencio, por sabiduría, cuando lo acusaban injustamente… Así que entiendo que tu matrimonio necesita ayuda urgente. De eso seguramente no hay duda, pero pregúntate: ¿Estás siguiendo a ese Jesús… o solo esperas que tu pareja cambie para tú sentirte bien?
Sé que es incómodo, pero es necesario saber que el orgullo espiritual también destruye matrimonios. Es incómodo de escuchar pero es absolutamente cierto y lo que necesitas saber para que esto funcione, lo cual es en lo que queremos trabajar. Ese orgullo que dice: “Yo sí oro, él no”, “Yo tengo más fe que ella”… Eso no es santidad. Es superioridad disfrazada de santidad.
Y ese es terreno peligroso.
La oración que más transforma el matrimonio no es “Señor, cámbialo(a)”… sino: “Señor, cambia lo que yo no estoy viendo en mí.” Esa disposición a entrega total, hace que la luz llegue a la casa, y hace que todos los que entren ahí, incluyendo tu propio esposo o esposa, la vean.

Nadie dijo que te resignes
Pero te voy a dar el mejor de los consejos habidos: No se trata de resignarte. Se trata de responder como Cristo, no como el sistema.
Dale mil vueltas a eso hasta que entiendas la profundidad de sus pocas palabras.
Y aquí es donde voy a decirte algo impopular. Algo que no encaja con todos, ni es bien recibido entre las multitudes. Pero, mientras el sistema dice: “Hazte valer, exige, no aguantes nada.” Cristo dice: “El mayor entre ustedes, sea el que sirva.”.
El sistema dice: “Tú das si te dan. Tú haces solo si otros hacen por ti”, pero Cristo dice: “Ejemplo les he dado, para que como Yo les he hecho, ustedes también hagan”,
El amor no madura cuando todo mejora. El amor madura cuando tú decides seguir amando… aunque nada cambie al momento. Eso a los ojos de Dios es Santidad: Hacer cuando nadie más lo ve, lo aprecia, lo valora.
Es apartarse de lo que mi corazón desearía hacer, y hacer lo que sé que es la voluntad de Dios, es la santidad que enciende fuegos, que mueve montañas, que hace que las riquezas del mundo luzcan como vertederos de basura… Pero no es para todos. No es para quienes correr la misma carrera del sistema, tener sus mismos valores, pensar de la misma manera, responder como todos responderían, y tener sanidad matrimonial.
Es simplemente incompatible.
Ahora, ¿tú eres de las o los que quieren ver cambio real en su matrimonio? Pues ora… pero no solo por tu pareja: ora desde tu herida, para que el cambio sea en ti. Ama… pero no para manipular: ama sin agenda, sin esperar nada a cambio, sin ponerlo en una balanza. Y sirve… pero no por culpa o por obligación: sirve porque Cristo lo hizo primero contigo, y porque ejemplo nos ha dado para que así hagamos.
Y si aún no ves cambios afuera… celebra desde ya los que Dios está haciendo dentro de ti.
En cuanto al otro, comprende al final, que no fuiste llamado a tener un matrimonio perfecto. El llamado del Cristiano es a amar como Cristo… Es simple, ¿no? Amar aun cuando el otro no todo cambie.
Ahí es donde empieza lo real.
Ahí es donde empieza lo eterno.
Ahí es donde empieza el Reino… en tu casa, tu hogar, tu familia. ¿Amén?