¡De CDMX a Tijuana con solo $35 pesos mxn!

Cuando trabajas realmente para Dios algo que aprendes es que el dinero no es algo determinante, sino un recurso más, que si lo tienes lo utilizas, pero si no, da igual. Así viajó Pablo por ejemplo (Fil. 4:11-13).

Uno de esos viajes en el que esto quedo completamente claro fue cuando por una u otra razón teníamos que reunirnos con algunos amigos al norte del país. En ese momento fue urgente ir, y sabíamos que Dios nos lo estaba pidiendo.

Salimos con sólo $35 pesos mexicanos, lo cual serían poco menos de $2 USD, en un viaje a dedo de unos 2800 km aprox. Recorrimos Queretaro, Saltillo, Torreón, Durango y bajamos a Mazatlán para continuar por toda la costa hasta la Rumorosa.

VIAJAR CON POCO: LA RUTA COMENZÓ SIN DINERO

Una odisea en la que Dios nos permitió aprender lo que realmente significa ser testigos de su poder, muy por encima de la podrida semilla de la autosuficiencia y el dinero que podamos obtener por nuestros propios esfuerzos. De hecho, en aquel viaje, el dinero se nos acabó a las 5 horas de haberlo comenzado. Apenas ahí a las afueras de la Ciudad de México, en Tlalnepantla, nos quedamos sin un peso más, y aunque no podíamos comprar nada, pudimos orar y así fue que fuimos entendiendo cómo Dios cuida de los suyos.

Por supuesto el miedo, al ser tan inexpertos en la verdad y la confianza plena en el mensaje de Jesús, llegó y nos hizo dudar de lo que estábamos haciendo. Después de varios años puedo decirte que no renunciamos ahí y aún con miedo seguimos, porque sabíamos que no lo hacíamos por ocio y tampoco por algún beneficio monetario. Teníamos una misión y esa era compartir el mensaje de Jesús con todas las personas que nos encontráramos en camino con nuestros amigos.

Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás les sera añadido” – Mateo 6

Lo increíble de aquel maravilloso viaje fue el descubrimiento de cómo es que Dios nos ama: Nunca nos faltó nada e incluso tuvimos lo suficiente para compartir con quien tenía menos en todo el viaje. Nos permitió descansar en Tlalnepantla y nos consoló. Comimos tacos en camino a Querétaro donde justamente nos dió una estadía en un hotel, ¡de una manera tan extraña! Luego nos refugió con dos grandes chicos en Saltillo donde conocímos gente hermosa, entre ellos un guardia de un Aurrera. También, nos condujo por carrteras donde nos transportó gente del gobierno hasta Mazatlán.

Lugar que no vamos a olvidar por la Familia tan hermosa que hicimos y porque mientras mientras estuvimos compartiendo con ellos, un ciclón más adelante, se formó allá Sonora (el siguiente estado, del que todos nos decían que iba a ser imposible atravesar por la sequía), había logrado reducir las temperaturas de 55 grados a sólo 25 grados celcius.

Así que continuamos, siendo guiados por Dios con temperaturas tolerables. Pero ya no íbamos temerosos, ahora íbamos intentando servirle en el camino. Desayunamos en plazas, compartimos nuestra Fe, hablamos con personas e hicimos un gran amigo desde Los Mochis hasta Tecate con el cual profundizamos tanto, en tan poco tiempo, que entendimos por qué habiamos sido guiados a hacer ese gran viaje.

No puedo decirte que es fácil, pero al cometimos muchos errores: Viajamos rápido y eso cansa, algunas veces comimos mal y estábamos preocupados. Sé que fue por confiar poco en Dios. Nuestro peor error.

Después de varios años y otros tantos viajes más trabajando para Dios, podemos decirte que es bueno para nuestros hombros echar nuestros afanes en Dios, sabiendo que Él cuida de nosotros (1 Pd. 5:7 / Mat. 6:25-33). Con la certeza de que nada nos va a faltar, puesto que no vamos sin propósito o como quien reta a la muerte, sino todo lo contrario, vamos anunciando un mensaje de paz, de esperanza, ¡de que Jesús reina!

Claro que pudimos haber hecho dinero en el camino pero ese no era el llamado. Había aprendido a buscar dinero desde que tenía 8 años, pero trabajar para Dios, sin pensar en el dinero, ¿cuántas veces? Lo que hicimos con ese viaje era comprobar si lo que Jesús enseñó sobre el Reino de Dios era cierto, y fue lo mejor que pudimos hacer, ¡porque por primera vez teníamos un propósito por el cual vivir!

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