Toda la vida me enseñaron que debemos ahorrar. Juntar dinero en tu juventud para que en tu vejez, no la pases tan mal. Para que cuando las fuerzas falten, el dinero alcance. Hay quienes lo hacen para medicamentos, otros para construir su casa, otros para viajar, e incluso quienes a eso le llaman “salud financiera”. Y lo que entiendo es que me aconsejan rotundamente no pasar mi futuro sin dinero. ¿Te ha pasado eso? ¿Por qué lo harán? ¿Te lo has preguntado? Lo primero que debes saber es que la mayor motivación es un temor muy grande por lo desconocido. La sensación de no tener el futuro bajo control nos pone los pelos de punta. Nos hace preocuparnos y pensar lo peor: morir de hambre, de un infarto, de pronto, o morir poco a poco. Morir en un accidente o morir por estrés, pero en cualquier caso, siempre el temor irracional a morir es un anzuelo perfecto para controlar al ser humano. Por supuesto que no soy el único en saberlo. Por eso es una de las más grandes predicaciones del sistema. El temor irracional a morir nos hace creer que todo es accidental y que estamos abandonados a nuestra suerte, predispuestos para que en cualquier momento nos ocurra lo peor, pero, ¿y dónde queda la perfecta voluntad de Dios?
Jesús dijo: “Miren las aves de los cielos, no siembran, ni cosechan, ni guardan su comida en graneros, y Dios las alimenta… ¿Por qué pues se preguntan: Qué comeremos, qué beberemos y qué vestiremos? Hombres de poca Fe…”.
¿Qué te dice eso?
No digo que Jesús condena la práctica de ahorrar dinero. No soy tan tonto como condenar lo que Jesús no condenó, sin embargo, lo cierto es que justamente vivir condenado a estar lejos de Dios, tiene esos síntomas: Sientes la necesidad de ahorrar, porque sientes que estás solo, que no puedes contener el miedo a no saber qué pasará en el futuro, y que no habrá ningún Dios ahí supliendo tus necesidades… Piénsalo así, aunque no sea un punto de vista tan común.
Porque, finalmente, como contó Jesús en una de sus historias a las multitudes en Lucas 12:15-21, el hombre que actúa con tal avaricia, miedo, o confianza en las riquezas, es necio a los ojos de Dios.
Ah, ¿no sabías que Jesús era cuenta-cuentos?, bueno, Él decía en uno de sus cuentos que en una ocasión un hombre entendió que le iba bien, que podía ahorrar y que podía tener su vejez en “paz”. Y así lo hizo. En el cuento, el hombre construyó sus graneros más grandes, y cuando los llenó, dice que este hombre descansó y dijo: “Alma mía, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.”, pero Jesús contó que Dios dijo: “¡Necio!”.
“Pero es que Señor, a mí me enseñaron que…” – Diríamos nosotros pero Dios, como en la historia de Jesús, diría nuevamente – ¡Necios! Porque confían en las riquezas, en lugar de echar sus afanes en mí. Porque desean tener más de lo que necesitan para hoy. Porque no ponen su mirada en las cosas de arriba y todo eso les hace vivir con miedo a lo que les espera. Jesús fue claro en cuanto a este tema y creo que nosotros debemos también tener esa misma claridad, para que sepamos qué decisión tomar en cada momento de nuestra vida. Por supuesto, y repito, no hablamos de un punto de vista tan común, pero, ¿quién quiere ser aceptado por todos? Sólo un loco aceptaría tal desafío y lo intentaría.

Por nuestra parte, nosotros no ahorramos para nuestra vejez, no importando qué piensen los demás, y eso nos permite vivir en paz. No necesitamos mucho, estamos felices con estar vivos y con lo que Dios no ha provisto para hoy. Y si recibimos algo hoy pero el Señor nos lo da para soltarlo y compartirlo con otros, lo hacemos alegres, sin apegarnos, sin pensar que esa era nuestra última oportunidad para hacernos de algo, sabiendo que después recibiremos cien veces más (Marcos 10:29-30)
Así es el mundo del da y ten más. Confías en que nada es para siempre, y lo material lo usas para hacer el bien al otro. Por momentos parece que te quedas sin nada, pero vives tan confiado, porque sabes que Dios ve tus necesidades, que después vas a tenerlo todo, pero ahora toca soltar. Luego recibes más de lo que esperabas, pero eso no te cambia ni transforma, y puedes volver a soltar, para volver a recibir más.
Estamos aprendiendo a disfrutar esta nueva manera de Vivir. A vivir sin miedo, sin deudas, sin preocupaciones, sin afanes, sin estrés, sin quejas por lo mal que de pronto se pueda poner todo, porque sabemos que Dios es fiel y justo para cumplir lo que Jesús dijo: “Busquen primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas sus necesidades vendrán por añadidura” (Mateo 6:25-33).